LA OPERACION OVERLORD - NORMANDIA
Durante más de dos años, los
aliados estuvieron preparando sus fuerzas para abrir brecha en la Europa
fortificada de Hitler.Los preparativos fueron masivos y detallados.Más de dos
millones de hombres esperaban en Inglaterra, que se había convertido en un
vasto arsenal de guerra.El día 6 de junio de 1944 dio comienzo la invasión con
una flota de casi cinco mil barcos que se dirigía a establecer una cabeza de
playa de 96 kilómetros de largo, en las costas de Normandía.

Curiosamente Hitler intuyó el ataque en Normandía
Para
recibir la invasión aliada y defender los 960 kilómetros de costa, desde
Holanda a España, los alemanes disponían de 60 divisiones a cargo del Mariscal
Von Rundstedt.Estas divisiones se distribuían en dos grupos, el cuerpo de ejército
B, mandado por el Mariscal Rommel y el cuerpo de ejército G al mando del
general Von Blaskowitz..Las duras discrepancias tácticas entre Rundstedt y
Rommel favorecieron la invasión aliada.Mientras Rundstedt prefería esperar a
los aliados en la retaguardia para proteger a sus divisiones blindadas de los
ataques de la RAF.Rommel, por el contrario, estaba convencido que la invasión
debía ser frenada en las propias playas dandole mucha importancia a las
primeras 24 horas de batalla.Hitler apoyó la idea de Rommel, ordenando que los
aliados fueran arrojados al mar tan pronto como desembarcaran.

Los aliados llegan a las playas
El día D le ocasionó a los aliados unas once mil bajas, bastante
menos de lo que se había previsto.La destrucción de las carreteras y
ferrocarriles junto al sabotaje de la resistencia francesa fueron elementos
decisivos a la hora de inclinar la balanza en favor de los aliados.La enorme
superioridad de la aviación aliada le impedía a los alemanes transportar sus
refuerzos dejando a sus tropas totalmente desabastecidas.En tal estado de cosas,
los planes iniciales de Rommel, en el sentido de arrojar
a los aliados al mar, resultaban impracticables y ningún contraataque
alemán fue lo suficientemente poderoso como para frenar el avance del
enemigo.Al cabo de cinco días, los aliados tenían en las costas de Francia más
de un millón de soldados, 16 divisiones completas y 170.000 vehículos
blindados.A partir de ahí el avance anglo-americano fue irresistible, no
obstante lo cual, Hitler ordenó a sus generales que no retrocedieran un metro
de terreno bajo la promesa de que estrenaría sus famosas armas secretas.Se
trataban de las bombas voladoras V-1 que eran un avión a propulsión sin piloto
que podía alcanzar los 640 kilómetros por hora en un radio de acción de 400
kilómetros.Estas bombas estaban guiadas por una brújula magnética que les
permitía lograr un cierto grado de precisión en sus objetivos.Durante el
verano de 1944, los alemanes lanzaron contra Inglaterra un promedio de 100
bombas voladoras diarias aunque sólo una tercera parte de ellas lograron
atravesar el cinturón de defensa inglés compuesto de aviones de caza, artillería
antiaérea y barreras de globos cautivos.Las V-1 ocasionaron graves daños en
Londres y provocaron más de seis mil muertes pero no socavaron la moral del
pueblo inglés firmemente apoyada en la figura de un anciano excepcional llamado
Winston Churchill.Posteriormente entraron en acción las V-2, un cohete supersónico
que descendía sobre Inglaterra a una velocidad de 6400 kilómetros por hora.A
diferencia de las V-1, estos cohetes no se podían ver ni escuchar lo que
aumentaba su poder de eficacia.En total se dispararon 1.300 V-2 que ocasionaron
2.700 muertes en Londres.Increíblemente Hitler no envió sus V-1 contra los
puntos de partida de la invasión aliada, en las playas mismas, donde podían
haber causado estragos e incluso impedido la invasión.Por alguna razón Hitler
prefirió utilizarlas contra Londres quizás con el objetivo de desmoralizar al
pueblo inglés.Sus cálculos subestimaron una vez más la capacidad de un hombre
como Winston Churchill, que desde la radio, el parlamento o caminando por las
calles en ruinas de Londres, infundía a su pueblo un valor que era infinitamente superior al poder destructivo de las
V-1 y V-2 alemanas.Luego Churchill diría que las armas de la venganza fueron
derrotadas por la fortaleza de un pueblo, que por segunda vez en esa guerra, con
su conducta dio un ejemplo del mayor orgullo.Debió agregar que él fue el artífice
de dicha fortaleza moral y orgullo en un país cuya clase gobernante era la
misma que había claudicado pasivamente a las pretensiones de Hitler con
Chamberlain a la cabeza.