HJALMAR SCHACHT(1877-1970)

 

Proveniente de una familia muy humilde, Hjalmar Schacht nació en Tingleff en el año 1877 durante los tiempos de Bismarck y llegó a ser uno de los banqueros más influyentes de Europa en los años veinte además de presidente del Reichsbank. Su enorme talento profesional lo convirtió en el artífice de la victoria contra la hiperinflación que azotó a Alemania durante la primera posguerra e intentó por todos los medios eludir el pago en concepto de reparaciones de guerra que el tratado de Versalles le impuso a su país. Viendo frustrado su deseo, renunció a su cargo para volver en 1933 bajo el gobierno de Hitler. Hjalmar Schacht fue uno más entre los numerosos industriales y banqueros que apoyaron a Hitler en su lucha por alcanzar el poder y Hitler lo retribuyó durante su gobierno con dinero y honores nombrándolo primero presidente del Reichsbank y luego ministro de economía del Tercer Reich. Desde esa posición de poder, Schacht revalidó su fama de brillante economista con medidas económicas que transformaron a Alemania en una de las potencias más fuertes del mundo en un lapso de tiempo increíblemente corto. Las altas tasas de desempleo se evaporaron casi por arte de magia y en menos de seis años Alemania se convirtió una potencia industrial con una maquinaria bélica que era la envidia del resto de los países. El enorme talento del doctor Schacht y sus poderosos contactos de influencia cumplieron un rol fundamental en la Alemania nazi y su figura era sinónimo del apogeo alemán en el mundo. En 1944 cuando Alemania se derrumaba en todos los frentes, Schacht se unió al grupo de conspiradores contra Hitler y poco después cayó en desgracia. Al finalizar la guerra Schacht fue juzgado en Nuremberg siendo increíblemente absuelto a pesar de su responsabilidad en el armado de la maquinaria de muerte que azotó Europa y, en especial, a los judíos.  Murió nonagenario en Munich después de vivir una plácida vejez en la impunidad que otorga el poder eonómico a los grandes magnates. Schacht, Bosch, Krupp, Porsche y una larga lista de industriales y banqueros que fueron la espina dorsal del régimen nazi jamás pagaron sus culpas y sus industrias siguen vigentes en la Alemania democrática del siglo XXI.